Fascículo X
Carmen
se quedó un momento callada y se tomó un trago de su refresco mientras meditaba
la respuesta.
-No
sé,,, Así de pronto….
-Decide
– la apremiaba su amiga.
-Puede
caber la posibilidad. Cualquier cosa es mejor antes que llegar al aborto.
-¿Por
qué?, porque nos lo dicen en la iglesia en las homilías.
-Por
eso y porque no está bien. Es una cuestión moral.
-¿De
qué moral me hablas? ¿qué piensas que harán mis padres si me decido a tenerlo?
No te esfuerces en pensarlo, yo misma te lo diré: renegarían de su hija y de su
nieto, me echarían de casa, me dejarían en medio de la calle a que me muriera
de hambre y de frío. Ese es el concepto que tienen de la moral nuestros
mayores, esa es la moral que predica el párroco desde el púlpito. Quién ha
pecado tiene que pagar su culpa, quien falta a su moral pierde todos sus
derechos, se le niega el pan y la sal, ¿no?
-Te
pones en unos términos.
-En
los que me encuentro. Quien no tiene el problema no tiene porque buscar soluciones.
-Tampoco
es eso, ya te sugerido algunos caminos posibles.
-Da
lo mismo… al menos espero que no cuentes a nadie las confidencias que te he
hecho, ni a ninguno de nuestros amigos ni a Mario.
-A
Mario…
-¿Dudas?
-Tal
vez a él pudiera ocurrírsele alguna idea.
-Ni
a él, tiene que quedar entre nostras, ¿lo prometes?
-Prometido,
pero sé prudente y no cometas ninguna tontería… Ahora
tengo que volver a casa, se ha hecho muy tarde, ya seguiremos hablando del
tema.
Y
salieron del local, pero no tenía Pilar ninguna gana de regresar a su hogar
después de haber mantenido tan infructuosa conversación con su amiga. En
realidad no tenía ganas de nada, se sentía a la vez llena y vacía.
Caminando
al azar a solas con sus pensamientos se vio en medio de la huerta, el frescor
que emanaba de las verduras y la tierra mojada serenó un poco su sofoco.
Recordó que el río estaba cerca y hacía allí dirigió sus tristes pasos
meditando una única pregunta: ¿Te tengo o me deshago de ti?

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