Fascículo IX
De vuelta a la mesa Pilar iba
recobrando poco a poco el color ayudada por unos tragos de refresco. Iba a
encender un cigarrillo y…
-En tu estado no deberías fumar – le
dijo Carmen.
-Por el momento no he decidido todavía
si lo voy a tener – y lo encendió y dio una profunda calada.
-Haz lo que quieras, pero no te
conviene
- Me relaja, ¿qué quieres que te diga?
– y cambió de conversación-. Hablábamos de tu relación con Mario, que tendrás
que reconocer que es un poco cabeza loca, suponte que por esas cosas raras que
pasan te deja preñada y después no quiere casarse contigo…. Es sólo un suponer,
no lo tomes a mal.
-Es que yo nunca le dejo que se
sobrepase conmigo.
-Vamos, Carmen, tampoco tienes porque
hacerte la mosquita muerta delante de una amiga, hay algunas veces en que las
murallas mejor defendidas se derrumban.
-No es mi caso, querida – se comenzaba
a enfadar.
- No te encorajines, Carmen, pero en la
pensión de Madrid no creo que os pasarais las tardes enteras jugando al
parchís…
Los colores rumorearon las mejillas de
la moza.
- Y Martín me contó que paseando por la era
la noche de San Juan después de la fiesta mientras se fumaba un porrete os vio
en una cierta actividad muy gozosa.
- ¡Miente Martín si tal dice!
- Está bien… no te sulfures, serán cuentos
del muchacho. No es ahora el tema, todos sabemos de tu mucho pudor…
- Además…
- ¿Además?
- Reconozco que le he dejado juguetear alguna
vez… en mi interior, pero en cuanto le he notado demasiado caliente le he
obligado a seguir fuera – y en un gesto repentino de azoramiento se notó al
instante que se arrepentía de aquella confidencia-. No, no quise decir eso, no
malinterpretes mis palabras.
- Bien, bien… no te preocupes compañera, no
he escuchado nada, no haces nada con él- decía Pilar mientras apagaba en el
cenicero lo que quedaba de su cigarrillo.
- ¡Tanto como nada!
- ¿En qué quedamos?
- De alguna forma tenemos que saber que somos
capaces de procurarnos placer el uno al otro si pensamos en algún momento
comenzar una convivencia y formar una familia…
- Entonces volvamos a la suposición del
principio, y queda claro que sólo es una suposición sin más. Aunque no lleguéis
a consumarlo del todo, aunque… lo que sea, ¡vaya!, te quedas preñada y Mario no
quiere saber nada de responsabilidades: ¿aceptarías casarte con ese el simple
del hijo de don Marcial por cubrir las apariencias?

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