Fascículo VIII



Fascículo VIII


       Los primeros días no se impacientó, no siempre le llegaba la regla con puntualidad… pero tampoco se le retrasaba tanto. Después comenzó a alarmarse y sintió miedo. Miedo por su propia soledad, miedo por la incomprensión que mostrarían hacia ella cuantos la rodeaban, tanto en el entorno familiar como entre las amistades. La cosa era segura, lo había presentido desde el primer momento, el desacostumbrado hervor de su sangre era bien significativo. La única persona que tenía en su mano para aconsejarse era Carmen. Un día que coincidieron en la cafetería de la plaza mayor se confesó a ella.


        - En buen lío te has metido –fue lo primero que le dijo su amiga.

        - Eso ya lo sé, pero tengo que tomar una decisión con urgencia.

        - El es tan responsable como tú, ¿vive aquí, es uno de nuestros amigos?

        - No.

        - ¿Entonces?

        - Lo concebí en la ciudad.

        - Allí estuvimos tos juntos…

        - Menos una noche…

        - La última noche… ¿Los colegas de allí?

        - Un amigo de nuestros amigos… no importa quien.

        - ¿Fue un amor a primera vista?

        - No, no me enamoré. Es difícil de explicar… la magia de la noche, tal vez…



        Hubiera sido muy difícil y con pocas palabras hacer comprender a Carmen todo el encanto que había envuelto su desliz, y Pilar prefirió no ser prolija en explicaciones.

-      ¿Te emborracho….? ¿Te drogó…?

-  Nunca me he sentido más lúcida que en aquellos momentos, ni nunca fui más dichosa. Pero ese no es el tema que me preocupa… ¿Qué hago?... ¿Lo tengo o no?

-      Tendrás que tenerlo, ¿no habrás pensado…?

-  He pensado en todo: en huir de mi casa, en buscar un convento o una comuna, hasta se me ha pasado por la cabeza quitarme la vida.

-      ¡Jesús!

-      María y José. Ellos lo tenían mucho más fácil: estaban casados.

-      También tú podrías casarte con el padre de… - y la señaló el vientre.

-      Aquello fue demasiado bello, se rompería todo el encanto que guardo en la memoria si… No hubo ninguna promesa, no hubo… Sólo hubo entrega, comunicación y cariño.

-      Podrías adjudicárselo a otro –maquinaba Carmen-, puede ser más fácil de lo que piensas, el hijo de don Marcial te acosa, bebe los vientos por ti… y no tiene demasiadas luces.

-      ¡Casarme con un imbécil! No sé la clase de amiga que tengo en ti.

-  No te enfades Pilar, reconozco que es un tipo un poco simple pero su familia tiene mucho dinero. A veces hay que ser práctica en la vida y no preocuparse sólo de soñar…

-   Un poco simple dices, ¡si es más tonto que una bellota pelada!..¿Te casarías tú con él?

-      Es algo distinto, Mario y yo somos novios…

   Pilar iba a responder algo, pero de repente le vino una nausea que apenas pudo reprimir, su amiga se dio cuenta y cogiéndola por un brazo la ayudó a incorporarse.

- Vamos a los aseos, no des el espectáculo aquí… Ese es otro síntoma de tu estado.

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