Fascículo XII



Fascículo XII

        La viejuca acariciaba la cabeza de su hermoso perro, y le hablaba mientras se balanceaba en su mecedora. Al fin y al cabo era con el único ser con que podía platicar en su desvencijada casucha de la huerta, entre el continuo rumor del río y de la brisa que soplaba de la tierra a la mar y de ésta al pinar según las alternativas fases del día.
    -Fue una suerte que te encontrara a tiempo, esos salvajes casi te despanzurran…


       Seguramente su edad no era superior a los cincuenta pero los golpes de la vida y los trabajos la habían añadido otra veintena a su condición física… El marido que se marchó a Suiza para mejorar el estatus familiar y un buen día dejó de enviar dinero y de escribir… Su niño, que por esas cosas de la adolescencia y del momento que le tocó vivir, se implicó demasiado en esas cosas del sindicalismo y de la política y… es el único que se ha quedado para siempre en la huerta.
       Y la Juani, que sí le escribe de tanto en tanto y le cuenta lo bonito que es vivir cerca de las Ramblas de Barcelona y que cuando triunfe en un espectáculo del Paralelo la vendrá a buscar y terminaran todas sus preocupaciones…
       -Por fortuna soy una experta en el uso de hierbas curativas y tú eres muy fuerte…
    El animal agradecía las caricias con un ronroneo de sus fauces tan acostumbradas a buscarse el sustento entre los matorrales camino al pinar donde abundaban los conejos y topillos, porque la dieta vegetariana de su ama no era la mas apropiada para sus instintos carnívoros, aunque de vez en cuando le regalara algún tierno manjar, eso sucedía de tanto en tanto, y el can lo tenía asimilado a la presencia de muchos humanos junto a la casuca y un olor a sangre agria en el aire…
         Olfateó que alguien se acercaba, se irguió y ladró.
         Los tres jóvenes venían charlado y riendo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario