Fascículo
IV
Fueron
a la crepería y disfrutaron la degustación de sabrosos alimentos que les
pusieron de nuevo las pilas. Saciado su apetito se marcharon a otro pub, pues
la noche les parecía aún corta, y se deleitaron con unos cafés irlandeses
mientras continuaban su charleta, hasta que el cansancio forjó que se fuera
deshaciendo la grata compañía y el grupo fue perdiendo miembros poco a poco…
hasta que se quedaron solos Pilar y Luis.
El
breve arco afilado de la luna que avanzaba hacia su cuarto creciente se asomó súbitamente
sobre los tejados rojos y las buhardillas de una angosta callejuela
sorprendiendo a los muchachos al salir al solitario gris asfalto. Comprendieron
que era la hora de irse a acostar.
- ¿Dónde te hospedas? – preguntó el pintor.
- Por Argüelles, en una pensión, con mis
amigos –respondió ella.
- ¿Tan lejos?
- No estoy muy al tanto de cómo se comparan
las distancias en una ciudad
tan populosa como ésta.
- Pues queda bastante lejos, y a las horas
que son ya no funciona el metro, aunque siempre se podrá encontrar un método de
transporte para llegar hasta allí. Tengo entendido que durante toda la noche
funcionan unos autobuses que llaman Búhos, jajajajaja… ¿Te esperan?
- No sé siquiera si mis amigos se habrán ido
ya a dormir o si estarán metidos en algún lío. Es muy extraño que no hayan
venido a buscarme. En fin, ya me enteraré,
ahora estoy muy cansada para ponerme a pensar…
- Es que andando queda un poco largo, habría
que llegar hasta Callao para bajar luego toda la
Gran Vía y tomar la calle de la Princesa. Si quieres
puedes quedarte a dormir en mi estudio, no es muy amplio pero siempre se podrá
hacer un sitio.
- Gracias por tu ofrecimiento pero no
quisiera causarte molestias, ya encontraré la forma de llegar hasta la pensión.
- No será ninguna molestia, te lo aseguro.
Aunque si es por tener noticias de tus amigos…
- Tampoco creo que ellos me necesiten para
nada, siempre han sabido buscarse la vida por sus propios medios. Algunas veces
siento la sensación de que soy un poco como un estorbo para sus planes.
- Mi oferta de hospitalidad sigue en pie.
- Entonces vamos.
Para
que Madrid sea una ciudad muy bella el barullo de la gente es el único obstáculo.
Los dos jóvenes pudieron comprobar que cuando la riada humana queda atenazada
en la trampa del sueño las callejuelas desiertas dejan contemplar su hermosura
al desnudo, tan sólo estropeada por los múltiples cadáveres de los automóviles
aparcados junto a las aceras.

No hay comentarios:
Publicar un comentario