Fascículo III



Fascículo III

El pub era pequeño y acogedor. Música de jazz en el ambiente, indescifrables cuadros postcubistas colgados en las paredes, cubatas, cervezas y platillos con panchitos y cascaruja sobre los veladores, parejas magreándose en la oscuridad de los rincones.




Pilar se sentía muy a gusto disfrutando de la compañía de aquellos colegas madrileños, Paula, Inés y Julio, que tenían siempre una charla amena, interesante y culta. No en vano los tres eran universitarios y estaban muy interesados por los temas del arte moderno y de la ecología, cuestiones que a ella también le interesaban mucho.

- Este próximo curso haré C.O.U., y, si los estudios me van bien, el próximo me matricularé en Biológicas –explicaba Pilar.

- ¿Tenéis Facultad de esa especialidad en tu ciudad? –le preguntó Inés.

- No, quizá venga a estudiar aquí, aunque no acaban de convencerme del todo las ciudades grandes, me abruman con su ajetreo y con tanta gente llenándolo todo.

- Uno se acostumbra a todo –afirmó Julio, que continuó -,yo en un sitio más pequeño no podría vivir. Aquí tenemos de todo: cines, teatros, museos, galerías de exposiciones…

- Sí, sí, sí…. –intervino Paula-, y polución, humos, ruidos, robos, atracos, violaciones….

- Ya, ya –la detuvo Julio -, esas son pequeñas incomodidades ineludibles que trae aparejada toda concentración de personas…

- En una sociedad capitalista –puntualizó Inés.

- Ya apareció tu vena socialista – ironizó Paula.

Y la charleta continuó por estos y otros parecidos derroteros ante la atenta escucha de Pilar, que impresionada por los amplios conocimientos de sus amigos no perdía ripio, hasta que llegó él.

- Mirad quien aparece –les llamó la atención Paula hacia un muchacho que recién llegaba-, ¡si pensábamos que te habías desvanecido entre el humo de la ciudad!

- ¡Hola! – saludó Luis dirigiéndose hacia el velador donde estaban sus amigos junto a una desconocida.

- ¿A qué debemos el honor de tu visita? –ironizó Julio-, ¿Dónde has estado metido?

- Encerrado en mi estudio, apenas si salgo un instante, me encuentro en un momento de buenas vibraciones y lo aprovecho a tope.

- Ya nos enseñarás lo que haces – le retó Inés.

- Preparo una exposición para finales de otoño, ya tendréis ocasión de verlo todo junto cuando esté colgado en la sala.

- Es pintor –explicaba Paula a Pilar-, no os conocíais, ¿verdad?

- Sólo en aquel momento recayó Luis en la presencia de la desconocida joven. Los profundos ojos negros del artista se clavaron en los de Pilar, dejándola tan anonadada que se sintió incapaz de articular palabra alguna cuando se hicieron las presentaciones.

- Estamos esperando a unos amigos con los que ha venido desde su pueblo, y que no acaban de llegar, y son casi las once –comentó Julio.

- ¿Conocen bien la dirección exacta de este antro? – preguntó Luis

- Sí, ya hemos estado aquí en otra ocasión –recobró la voz Pilar.

- Entonces ya llegaran más tarde o más temprano – aseguró Luis dejando zanjada la cuestión - ¿qué bebéis?

Con una nueva ronda de bebidas sobre el negro y lustroso mármol del velador la conversación fluía amena y dislocada, brincando del cine a la pintura, de la poesía a la música y la danza, de la última obra de teatro estrenada en la capital a un nuevo descubrimiento en la biología marina…

Con alguna que otra breve interrupción causado por los inoportunos vendedores ambulantes de flores, revistas o baratijas, acabó por centrarse en la ambigua identidad de las personas.

- En realidad, soy yo el que habla y bebe –decía Julio levantando la mano en que sostenía su tercer cubata de la noche -, o soy tan sólo una imagen irreal de mi auténtica conciencia que recrea vuestro pensamiento.

- ¿Los espejos de Platón? –indagó Paula

- No pensaba en la filosofía –reconoció Julio-, me refería a Unamuno, a Ionesco, a la ficción realidad de la literatura.

- ¿Quieres con eso decir que existe la posibilidad de que seas una creación poética de nuestra mente?. No deja de ser una solemne tontería, si me permites la expresión. Tal vez pudiera darse esa fantasía si nos encontráramos a solas, uno habla a veces con un ser inexistente que forja su mente, pero aquí estamos reunidos varias personas que te conocemos de antes, están los camareros, están varios clientes habituales del local que te han visto en varias ocasiones y con los que seguro que alguna vez has entablado conversación. La imaginación no se comparte – terminó su alegación Paula,

- Por desgracia –comentó Luis -, sería maravilloso que muchas personas pudiéramos soñar lo mismo a la vez, si es verdad que se vive como sueña, es decir, solos, sería la solución para acabar con la soledad entre las personas.

- Pero, ¿adónde queréis llegar?, eso es hablar por hablar, la ciencia está por encima de todas esas paparruchas –intervino la sensata Inés.

- Ni tan siquiera de poder cuantificar los sufrimientos y los placeres, a pesar de los ímprobos esfuerzos llevados a cabo por el sicoanalista Wilhem Reich en sus estudios sobre el orgón – y Luis aprovechó la ocasión que se le presentaba para hacer una sucinta exposición de los trabajos y descubrimientos del casi desconocido sabio austriaco, que sonaba magnífica a los oídos de sus amigos mezclada con los sutiles arpegios del clarinete de Benny Goodman. Que en aquellos momentos surgían en ráfagas intermitentes por los altavoces del local.


En tanto que las manecillas del reloj proseguían su implacable curso dextrógiro, y de Julián y Martín ni rastro.

- Está claro que ya no van a venir, y yo me estoy muriendo de hambre –exageró Inés.

- También estoy notando como un vacío en el estómago – dijo Paula.

- Podríamos ir a picar algo a la crepería –sugirió Julio.

- No sé que les habrá podido pasar a estos chicos – especulaba Pilar.

- Si es que se fueron en busca de mercancía, como nos has contado, es posible que la estén disfrutando con alguna amistad que se hayan encontrado por el camino –sugirió Paula.

- A lo peor han tenido algún problema con la pasma – se inquietó Pilar sintiendo un escalofrío.

- ¡Eah!, no te preocupes en vano ni hagas falsas especulaciones, cada cual se va montando la noche como le viene, y nosotros vamos ahora a buscar alguna apetitosa vianda – la reconfortaba Inés, que seguía hambrienta.

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