Fascículo XVI
- ¡Ah!, sí, aquella chiquilla – reconvino
Paula.
- ¿No habéis vuelto a tener noticias de ella?
–preguntó Luis.
- Ni palabra. Tal como vinieron
desaparecieron –aseguró Inés.
- Es cierto que estaba con varios amigos,
pero sólo llegué a conocerla a ella.
- Me parece que al día siguiente de conocerla
tú tenían intención de regresar a su
pueblo –empezó a colegir Julio-, en una ciudad tan cosmopolita como la nuestra
y que atrae tanto turismo las amistades ocasionales están a la orden del día…
- Y más por los ambientes que nos movemos
nosotros, antros de juventud en pleno corazón de la vanguardia musical y
artística –afirmó Paula.
- Sí, el barrio de las Artes y las Letras –dijo
Luis con un tono irónico, comprobando la poca profundidad intelectual y
sentimental de sus amigos.
- Y, ¿a qué se debe esa curiosidad? –preguntó
Julio notando la sombra que se había apoderado de la mirada del colega.
- Sería un poco largo de explicar –abrevió el
pintor-. Me causó una enorme impresión esa muchacha, pero… ¿es posible que ya
casi os hayáis olvidado de su existencia?
- Ya te digo, todas las semanas conocemos a
gentes nuevas, unas son personas interesantes por sus conocimientos, otras por
su simpatía… personas con las que se conecta por cualquier extraña casualidad
–explicó Paula.
- Ya sabes que estamos muy abiertos a todo y
a todos, la cultura se fragua más en la calle que en los campus universitarios,
en los bares más que en las aulas… - reafirmaba su argumentación Julio.
- De cualquier persona se puede aprender
algo, la comunicación y el trasvase de opiniones y sentimientos es muy
importante –prosiguió Inés.
- Pero hay muchos tipos de personas, algo
distingue a cada cual, las hay intrascendentes y las hay atrayentes, hay gentes
que te aportan cosas nuevas, perspectivas de la vida que tu nunca habías
apreciado antes, y hay otras que andan como barcos a la deriva, y lo único que
podrás conseguir de una relación con ellas es disiparte en idas y venidas y
perder el centro al que se dirigen tus inquietudes… De alguna manera siento que
os tomáis la vida de una forma muy superficial, lo cual también tengo que
reconocer que evita bastantes sufrimientos que hay que soportar cuando se la
toma demasiado en serio…
- No, no, perdona –le decía Julio al
camarero, más ocupado en el tema de las bebidas que en escuchar la alocución de
su amigo-, parece ser que mis amigos prefieren sidra, jejeje, pero que sea de
calidad… y que esté bien fría!
- En un momento les traigo una recién llegada
de Asturias – le contestó solícito el camarero -, ¡y helada! – añadió con un
cierto rintintín.



